Canción triste de un pus mal etiquetado


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Hola, soy un pus y te voy a contar la historia* de mi vida, desde que vi la luz en el hospital hasta que desaparecí para siempre. Sin dejar rastro. Una noche de frío invierno me aspiraron de un absceso peri-amigdalino. Fue un parto bien instrumentado, sin demora, con mucha pericia. Imagino que sentí tanta paz al llegar a este mundo como descanso dejé allí donde me fraguaba. Pero poco duró esta paz porque al poco de nacer me etiquetaron erróneamente, llamándome “Frotisfaríngeo”. Me sentó muy mal y me dejó la autoestima por los suelos. ¿Lo puedes creer? ¡¡Porque yo soy mucho más valioso!!

 

Un enfermero rápidamente advirtió que no era un frotis faríngeo, pero el médico le tranquilizó y le indicó que enseguida aclararía en el volante el tipo de muestra que era.

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Como no hay Microbiólogo de guardia, me quedé en una nevera hasta el día siguiente.

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Por la mañana, me trasladaron con muchos otros tipos de muestras biológicas al lugar donde éstas se distribuyen a los diferentes laboratorios del hospital. Yo me preguntaba por el camino ¿no es esta una ruta demasiado larga y con paradas innecesarias? ¿qué tendré yo que ver con un suero para una PTH? Si me enfrío o me caliento me distorsiono. Si paso mucho tiempo sin procesar me transformo y dejo de ser quien era cuando incomodaba a la paciente. Y el valor que tengo para ayudar a tomar decisiones en una enfermedad aguda, y por tanto de necesaria respuesta rápida, depende mucho del tiempo que tardo en ser analizada . Pero hete ahí que en estas me sacaron de la Unidad Central de Laboratorios, rauda y veloz, para volver a Urgencias.

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Al poco de llegar, una enfermera de Urgencias avisó a la planta explicando que me habían devuelto. Quedaron en mandar volante por el tubo neumático para reetiquetarme pues el médico no creía indicado repetir la toma, ya que ahora no era necesario realizar ningún drenaje; la muestra sería superificalsuperficial (tanto como un frotis faríngeo) y por lo tanto tendría muchísimo menos valor. ¡Ya lo decía yo! ¿O no?

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Pasaban los días y nadie me echaba en falta. Hasta que una semana después, los médicos que me obtuvieron se preguntaron qué habría pasado conmigo, por lo que escribieron una colaboración a Enfermedades Infecciosas preguntando por el antibiótico más adecuado para mí, ya que el informe de Microbiología que hablaba de mí, estaba “vacío”.

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Empezó entonces una labor de investigación para encontrarme; parecía una operación de rescate ¿Seguiré estando en algún lugar, presentable?, ¿estaré contaminada?, ¿derramada?, ¿a temperatura ambiente? Fue un trabajo difícil pero el sistema de trazabilidad de muestras, aunque bastante mejorable ayudó en algo. Podíamos saber qué personas habían consultado mi estado, es decir quién en algún momento me había buscado, pero no quén había estado en contacto conmigo. Lo malo es que resultó difícil saber por su nombre cuál era su profesión, ni en qué trabajaban.

Primer programa de “¿Quién sabe dónde?” el icónico espacio de TVE en los 90 sobre desaparecidos en España 

Tras investigar identificamos a algunas de las personas que me trajeron a este mundo o que me habían buscado en este tiempo. La mayoría no estaban de servicio durante este proceso de investigación, y por eso, para aclarar este misterio, hubo que llamarlas.

 

Las enfermeras de planta no estaban seguras, pero parece que el nuevo volante se envió. En Urgencias casi no se acordaban de mí, salvo el enfermero que estaba cuando me sacaron del absceso, quien tras revisar el asunto cree que lo relacionado con el procesamiento y envío en el momento de mi alumbramiento se hizo según los procedimientos establecidos. Eso sí, con el problema de mi cambio de nombre.

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Por fin alguien pensó que la clave de mi desaparición podría estar en el lugar donde se registran las muestras biológicas para su posterior distribución, y en qué persona estaba ese día a cargo de las muestras de Microbiología. Gracias a esta persona el equipo de rescate averiguó la realidad del fin de mi existencia: al no coincidir la muestra con el volante la devolvió, el nuevo volante no llegó y la muestra se desechó.

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Aunque consto como registrada, en Microbiología nunca supieron de mi existencia. Nadie jamás llamo a Microbiología a preguntar por mí. Fui una muestra muy valiosa para poner un tratamiento dirigido pero nunca llegué a mi destino.

 

Pero he aprendido la lección y la he transmitido a mis pequeños piocitos. Cuando vuelvan a incordiar a un paciente pero quieran ser realmente útiles en la vida, allí donde estén, lo que tienen que hacer es anunciarse en Amazon. Pequeños paquetes de no mucho valor viajan miles de kilómetros a un coste bajo con una gran garantía y mucha mejor trazabilidad. Y mira que molesta dar la razón a las multinacionales.

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* Cualquier parecido con cualquier realidad es mera coincidencia

Un comentario sobre “Canción triste de un pus mal etiquetado

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  1. Indudablemente, cada vez que una “pobre muestra” se pierde y no llega a su destino en tiempo y en condiciones de transporte, es un fallo del sistema. Lo de “bajar las muestras en mano” es una garantía de que el transporte se hará en tiempo, pero no deja de ser bastante frustrante para quien intenta hacer bien su trabajo. La preanalítica es tan, tan, tan importante como la propia analítica

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